miércoles, 16 de mayo de 2012

1. Ideando la imagen de un amor (episodio megorado)

Mateo Gómez Núñez era un hombre de 32 años, con dos vertientes de personalidad, por un lado era positivo y sofisticado, profesional de la informática, y por otro, solitario, amante del campo y muy sensible por dentro; pero eso casi nadie lo sabía. También era un hombre de de éxito laboral, trabajaba en el boletín de Marketing de una gran empresa de informática “Informatic Company”, en el departamento de androides donde iban a lanzar sus nuevos productos: TEHI (Tecnología Electrónica de Hombre Informatizado) y TEMI (Tecnología Electrónica de Mujer Informatizado). Así que un día casi al principio de la planificación de la campaña de promoción de estos Mateo se pasó por el departamento de diseño de androides para averiguar las características de estos productos por él mismo; se trataba de unos nuevos y avanzados androides y ginoides, hechos totalmente a medida y con todo lujo de detalles personalizados, hasta tatuajes se les grababan, disponían de un programa “retrato robot” para escoger la cara a gusto del consumidor, y otro para elegir su altura y sus estatua. Era todo tan a medida, tan a la carta de su futuro propietario, que se interesó no sólo por la campaña de Marketing, lo cual era su obligación, sino incluso para adquirir una y llevársela a su propia casa. Después de su día de trabajo fue de nuevo al departamento de androides. Al llegar estaba la misma recepcionista, la misma androide de una generación anterior, quien sorprendida le dijo: – ¡Sr. Mateo otra vez por aquí! Ahora mismo llamo al jefe de sección. A lo que Mateo rectifico: – no, gracias, mejor avise a uno de los vendedores comerciales, vengo como cliente. – ¡Pero Ud. no es ningún cliente! – dijo la ginoide. – No, es para una pregunta de software solamente. – El software que llevan me lo instalaron ayer mismo así que le doy dos opciones: 1. Llamo al jefe de sección. 2. Simplemente pregunte, tiene a su disposición todo mis archivos de ayuda – especificó la ginoide. – Disparo: ¿cómo funciona el sistema de personalidad? La ginoide sonrió – el programa combina sistemas aleatorios con controladores de punteros por eventos externos desde el momento de su instalación. Es decir, ante lo que pasa a su alrededor preselecciona sus punteros que han determinado sus eventos anteriores, recuerdos ó impulsos. Luego aleatoriamente se generan las nuevas sensaciones que condicionan nuevos punteros, recuerdos o impulsos. La proporción de estos impulsos se calibran en tiempo real por separado pero no del todo aislados y según se repita las definiciones de los recuerdos el sistema aleatorio lo valorara más. Mateo escucho todo atentamente y después pregunto – ¿el proceso de instalación es muy largo? A lo que le responde la ginoide – una hora aproximadamente pero antes hay que configurar la prepersonalidad. Mateo extrañado preguntó – ¿¡¡prepersonalidad!!? – Sí, se trata de la personalidad con la que empieza a funcionar; por supuesto esta personalidad puede moldearse con el tiempo cuando arranca la prepersonalidad. Esto es que cuando empieza a funcionar tiene que tener una personalidad determinada. Se compone de 14 rasgos que se configuran durante la instalación. Por lo que es importante pensar bien la configuración que uno desea antes de darle a aceptar. – ¿Cuáles son esos rasgos? – Está dividido en tres grupos aquí tiene un folleto explicativo, lo he enviado a su oficina, le llegara en unos días. Mateo cogió el folleto que le enseñó la ginoide y dijo – hasta otra. Y salió leyéndose el papel:

Personalidad de su TEHI o TEMI

La personalidad de los TEHIs y las TEMIs son un nuevo SoftWare de personalidad avanzada el PS-TEHI que controla la personalidad con objetos de programación que sustituyen los inhibidores neuronales que provocan los sentimientos en el cerebro humano por lo que estos novedosos TEHIs y TEMIs sienten como personas.

La prepersonalidad

La prepersonalidad es el sistema que define los parámetro de personalidad que va a tener su máquina antes de instalársele la personalidad esta se configura durante la instalación del sistema operativo PS-TEHI y se divide en tres grupos y dos puntos a calibrar por su dueño estos parámetros son esenciales para su TEHI o TEMI y es muy importante habérselo pensado bien antes de aceptar su prepersonalidad.

Detalles de la Configuración de Prepersonalidad

La configuración de prepersonalidad se divide en tres grupos y dos puntos a calibrar:

El primer grupo

Instinto
Emotividad
Cabeza

Se calibran para que entre los tres se equilibren al 100%

Actitud positiva
Pragmatismo

El primer punto

Espíritu de compensación

El segundo grupo

Deseo de vida cordial en la casa y con la familia
Vida organizada
Originalidad
Tendencia a la pasividad
Necesidad de actividad

El tercer grupo

El tercer grupo al igual que el segundo punto se abre si Us. lo desea, como lo vea para que le trate como a su pareja sentimental.
Energía vital
Autocontrol
Deseo de intimidad Su lado…

El segundo punto

Enamoramiento inicial

Después de habérselo pensado muy bien debe aceptar la instalación y a continuación empezará la instalación. La que durara aproximadamente una hora y finalmente tendrá su modernísimo androide TEHI o ginoide TEMI.


Al llegar a su casa vacía Mateo abrió el portátil y creó un archivo de hoja de cálculo donde tenía pensado idear la personalidad de su ginoide aunque aún no había pensado ni en su nombre ni en su aspecto. Pensó que podría ser su gran oportunidad, tener algo parecido a una pareja como la que nunca había tenido. Se preguntaba cómo sería esa mujer y se acordó de un poster que tuvo de pequeño de Xena, la princesa guerrera. Pronto empezó a pensar en que podría ser su secretaria personal, al menos para empezar, aunque sí tenía claro que, tarde o temprano, la enamoraría a su manera. Se sobrecogió con todo lo que deseaba hacer con ella, con todo lo que pretendía contarle, con todo lo que buscaba compartir con ella. Impaciente y algo ansioso por saber cómo sería en realidad esa “ideal” personalidad, dudaba de las elecciones que debía tomar exactamente, aunque tenía una idea bastante aproximada de lo que quería. Así que introdujo los primeros números pero pronto se percató de lo nervioso que estaba porque había un hándicap: él siempre había sido muy enamoradizo. Comió poco y como vio que continuaba nervioso cerró el portátil y se fue a la cama. A los 30 minutos aproximadamente se levantó porque no podía dormir, se puso un vaso de leche caliente y entonces se le ocurrió que iba a dibujarla. Bosquejó una cara de mujer con algunos rasgos varoniles, se bebió el vaso de leche casi frío y se acostó. A la mañana siguiente se levantó y se fue al trabajo con el boceto bien doblado en el bolsillo de la chaqueta. No se lo enseño a nadie hasta que terminó su jornada laboral, que además había sido especialmente dura, pero paradójicamente él seguía con energía. Fue a por su ginoide pero le dijeron que la compra era por encargo y la empresa no estaba todavía preparada para recibir los encargos. Habló con el jefe de sección y le dijo que los bancos de datos estaban preparados para grabar la solicitud pero que la producción empezaría más tarde, 14 semanas como mínimo. Mateo se dispuso a introducir los datos para la apariencia: mediría 1 m. 89 cm; su estatua mediría 110 cm. de pecho, 72 cm. de cintura, 107 cm. de caderas, con pistoleras 114 cm. Chica fuerte de muslos anchos, brazos ligeramente fibrosos y hombros potentes. Así la quería, que se parecería lo más posible a Xena. Y fundamental era que tuviera una larga melena hasta la cintura. Luego sacó el dibujo y realizó un retrato robot. Para la personalidad tendría que esperar para hacerlo cuando tuviera la TEMI conectada a un ordenador por Bloetooth en el proceso de instalación. Cuando llegó a su casa vacía se puso cómodo, puso música en el lector de CD, DVD, Blu-Ray o Zip y se sirvió champán en una copa y otra, y otra y... Estaba muy contento, era un momento único en la vida. Al día siguiente se encontró con una jaqueca descomunal por lo que apenas podía levantarse de la cama. Se incorporó como pudo y se dirigió tambaleándose al cuarto de baño donde tenía los analgésicos. Se acordó de que había estado bailando solo con la copa en la mano y que, para espanto suyo, se había tomado más de dos botellas de champan. Cuando llegó al baño se tomo un par de analgésicos (por si acaso) y se echó abundante agua fría en la cara. Al mirarse al espejo se dijo – ¡vaya pinta! – y se fue directo a su dormitorio trazando una línea un poco más recta. Se vistió y notó mientras se peinaba que la jaqueca estaba remitiendo. Se fue al trabajo en el autobús. Cuando llegó, tarde por supuesto, todavía le dolía algo la cabeza, que le duraría hasta medio día. Este fue un día muy ajetreado lleno de una indescriptible tensión por la crucial decisión que había tomado en su vida por lo que llegó muy cansado, extenuado, a su casa.
Las semanas se hacían largas y Mateo no podía quitarse de la cabeza lo mucho que ansiaba tenerla en sus brazos, de imaginar su personalidad y siempre al llegar del trabajo se ponía con la hoja de cálculo con los parámetros de la futura personalidad de su ginoide, los que cada vez ajustaba y reajustaba más hasta el agotamiento; a veces se dormía en el sillón del despacho junto al portátil para despertarse de madrugada totalmente contusionado lo cual le pasaba factura en el rendimiento del trabajo, lo que llevaba fatal y se juraba que no volvería a ocurrirle pero cuando llegaba la noche quería seguir revisándolo y sin tener capacidad para ello se sobre esforzaba de tal modo que, sobre todo al final, estaba tan estresado que perdió la noción del tiempo transcurrido. Por fin llegó el 3 de diciembre de 2036. Le llamaron por teléfono, era casi invierno y la empresa estaba preparada para lanzar el producto al mercado. Su ginoide, cayó en la cuenta, ya estaba en el mismo centro en que él trabajaba, en espera de que él le instalara el sistema operativo y el programa de personalidad adherido. Impaciente: las horas que faltaban para acabar la jornada e ir al departamento de androides donde le esperaba ella se les presentaban como interminables. Estuvo todo el día perturbado desde que le llamaron y al final llegó el momento tan esperado; cuando se acercó a la sección de androides la misma ginoide recepcionista le condujo ante su ginoide; estaba sobre una camilla vestida con una malla azul metalizado y unas botas también azul metalizado; al lado había un ordenador y la ginoide que le acompaño le dijo – hemos llegado, el sistema Bloetooth está conectado le ayudaré a inicializar la instalación, haga doble clic sobre el icono “PS-TEHI instal” (Pesonal Seciti Tecnology Electronic Human Informatic). Lo accionó y apareció el primer y pequeño proceso de carga. La ginoide que le tutorizaba le indicó – Ahora empezará la instalación: primero le preguntará el nombre que quiere ponerle, luego los rasgos de personalidad, contéstelo tranquilamente, piénselo bien antes de introducir los parámetros, le dejare solo para realizar estas acciones, si necesita algo no dude en llamarme – Mateo aliviado pensó “por fin solos”; justo en ese momento termino de cargarse la primera barra, la que arrancaba el proceso de instalación, apareciendo la presentación del mismo y en ese preciso instante su ginoide empezó a dictar lo que Mateo este estaba leyendo en la pantalla y que ella no alcanzaba a ver. Mateo se alucinó con esta habilidad de su nueva adquisición.

Cuando su ginoide, que ya daba instrucciones, le indicó que pulsara en “siguiente” apareció la primera pregunta – ¿cómo me llamaras? – A lo que él respondió por escrito – Cristina – y ella lo repitió al clickear él en “siguiente”. En la nueva pantalla se preguntaba el nombre del propietario lo que verbalizó también la ginoide desde su camilla. Él escribió “Mateo Gómez Núñez”. A Continuación vino a la pantalla un cuadro explicativo que también enunció ella sin mirar: “el proceso de instalación se está iniciando, pero antes de una completa instalación el programa requiere la configuración de la prepersonalidad que se componen de 14 rasgos de personalidad que conformaran la personalidad inicial de su ginoide. Estos 14 rasgos se gradúan con valores de 0 a 100. Los 14 rasgos se distribuyen en tres grupos. Piénsese bien lo que va a elegir: será la personalidad de su ginoide, no podrá alterar posteriormente, a su antojo, la prepersonalidad después de la aceptación los parámetros que introduzca. Muy importante: la empresa no se responsabiliza de una mala configuración de la personalidad de esta ginoide. Pulse siguiente para continuar”. Mateo hizo un click en este botón de la pantalla y se abrió lo que parecía una página web con su barra de desplazamiento llena de manejadores y dos gráficas que se actualizaban en tiempo real.

Cristina siguió narrando. En primer lugar la sección con las características esenciales, compuesta de: “instinto” con 121 puntos; “emotividad” con 98 puntos; “intelecto” 117 puntos; “actitud positiva” con 119 puntos; y “pragmatismo” 116 puntos. El primer Punto Aislado es el de “Espíritu de Compensación” en el que puso 119 puntos. La segunda sección comprendía los hábitos cotidianos donde se encontraban los siguientes rasgos: “deseo de vida organizada”, al que le puso 119 puntos; “convencionalismo”, 107 puntos; “originalidad”, 109 puntos; “tendencia a la pasividad”, 96 puntos; y “necesidad de actividad”, 119 puntos. A continuación seguía con un rectángulo en el que se podía marcar con una “v” y que indicaba si se aceptaba el “tratamiento de pareja sentimental”. La activó todo emocionado. Paso entonces al tercer grupo, al de “tipo de pareja”, subdividido en: “energía vital”, al que puso 117 puntos; “autocontrol”, 121; 119 puntos en “deseo de intimidad; y en “lado masculino” se inclinó por otorgarle 51 puntos, lo último de este bloque. Al final del todo se preguntaba por el grado de “enamoramiento inicial”, al que le puso 25 puntos. Por supuesto todas las ginoides eran extrovertidas, dialogantes y con deseo de conocer gente por lo que no se preguntaba por estos particulares. Luego de repasarlo y pensárselo bien pulso aceptar. Se cerró lo que parecía una página web y empezó el proceso de instalación. En ese momento Mateo no sabía qué hacer, se preguntaba si de verdad iban a dejarlo allí solo, esperando toda una hora. Pasado unos segundos vino la ginoide que le había llevado hasta aquella habitación y le dijo – Sr., el proceso de instalación ha comenzado. Será mejor que espere fuera, ella saldrá cuando concluya.
A lo que Mateo preguntó sorprendido – ¡¡¿có… cómo lo ha sabido?!! – El programa de instalación manda una señal por la red de la empresa al ordenador que esta fuera, en recepción. Lo vi en la pantalla. Salgamos Señor, puesto que al proceso de instalación le quedan 60 minutos aproximadamente. Después salieron los dos y él se sentó en un sillón de la sala de recepción. Mateo estaba muy estresado, quería saber si había elegido lo mejor para él, sobretodo en los rasgos de personalidad; aunque estaba casi seguro de que no se equivocaba en lo que deseaba dado que había sido muy bien meditado, sopesado y madurado durante las 14 últimas semanas. Pero igualmente estaba ansioso por conocerla realmente. A los pocos minutos la ginoide recepcionista le preguntó – ¿cómo la ha llamado?
A lo que él respondió insolente por el protocolo excesivo – Cristina. Y ¿usted cómo se llama?
– Estrella 12 – dijo la ginoide y continuó preguntándole
– ¿cómo cree que la recibirá su familia?, porque estarán enterados, seguro que estarán contentos con su gran adquisición.
– No tengo familia en casa –. Contesto cortante por lo que creía que eran tonterías que no venían a cuento.
– ¿Están de viaje? – insistía la fisgona.
– No, es que no tengo familia, ni pareja… bueno, creo que hasta ahora… si es que se puede decir así –. Le estaba desesperando. – ¡Anda! ya veo la cosa que ha hecho – dijo la ginoide al darse cuenta de que había activado la casilla de actuar como pareja sentimental. A lo que él contestó – sí – aunque le hubiera gustado decir “a ti que te importa” – y tú… también fuiste elegida como pareja.
– ¡¡No!! Yo soy de la empresa, yo… no tengo pareja –. Con firmeza militar. ¡Ojú!, pensó, esta es peor que un sargento “agriao”. Encambio echo mano de su encanto: – me parecía que usted era algo más alegre.
– Y lo soy – saltó como un rayo. Luego se produjo un silencio y la chica continuó más comprensiva – impaciente ¿no?
– Sí.
– Tranquilo – Estrella 12 se quedó mirando a Mateo un momento, él ojeó su reloj de pulsera y dijo – me voy a tomar un capuchino que hay fuera una maquina de café. – Hasta ahora – concluyó Estrella 12.

Mateo se fue a la máquina expendedora a servirse su capuchino. Se encontraba ahora un poco más tranquilo; cuando probó el capuchino estaba demasiado caliente, en ese momento le saludó un viejo amigo que conocía de su infancia al que había ayudado a entrar en la empresa como vendedor en aquella sección, se llamaba Daniel el que cansado dijo – hay que ver lo que se curra aquí.
– Sí – respondió Mateo mientras Daniel metía su moneda en la maquina pulso el botón del café y apenas pasado un instante empezó a apretar de mala manera los botones de la máquina expendedora; Mateo le dijo cogiendo el brazo – no aporrees los botones de la máquina, no la aporrees.
– ¡¡Buenoo!!, ¡¡buenoo!! – dijo Daniel. – Bueno, bueno, no. que tengo más rango que tú – contestó Mateo haciéndose el enfadado. – ¡Bueno! ¡Bueno! ¡Bueno! – repitió compulsivamente su amigo de la infancia.
– Vamos a ver Daniel que tengo más responsabilidad que tú en esta empresa… – advirtió más enfadado que antes pero Daniel le interrumpió – ¡buenoo! – Mateo terminó por enfadarse de verdad – No te voy a dar lecciones de civismo pero al tener más cargo que…
– Sí, sí, ya sé que tienes más cargo que yo… –. Y mirando la máquina exclamó aliviado – ya está saliendo.
– Daniel, ¡que no le des golpes a la máquina!
– seguía Mateo.
– No, tu eres mi amigo y no…
– Y tu superior – alzó la voz Mateo, y Daniel también subió la voz recordándole – Tu amigo, Mateo, tu amigo – éste bajó la voz prudentemente; después de todo era su amigo de la infancia y él le había ayudado a entrar en la empresa – Porque no soy de esta sección, si no ya daba parte de que maltratas las máquinas expendedoras.
– Eso para empezar… ¿Y tu eres mi amigo?, yo… – en ese momento apareció Estrella 12 preguntando.
– ¿Qué pasa? – Y Daniel continuaba – ¡Ésta me la pagas! – cogió su café y se marchó cabreado. La ginoide insistió en la pregunta.
– ¿Que ha pasado?
– No, nada, es,…
– ¿No?, ¿nada? No me diga que no ha pasado nada – afirmo Estrella 12.
– Es un viejo amigo, no pasa nada; todo ha sido una riña entre amigos – zanjó Mateo y volvieron a dentro donde recepcionaba Estrella 12. El técnico de Marketing se desplomó sobre el sofá con el capuchino en la mano: estaba de nuevo estresado, había sido un día duro de acontecimientos, por el trabajo y por las ganas de ver a Cristina, y ahora pasaba esto con Daniel. Sentía que estaba al borde de una crisis por estrés por lo que se concentró en aprovechar el descanso que pudiera darle el sofá haciendo un ejercicio de autocontrol. Se bebió el capuchino despacio y miró el reloj. Le preguntó a la ginoide – ¿Cuánto queda?

A lo que le contestó ésta – todavía queda media hora, aproximadamente.
– Vaya… – dijo Mateo levantándose. La ginoide recepcionista procuraba calmarle – Sr. Gómez Ud. debe de haber pensado mucho en este momento, ¿no?; ha pasado demasiado tiempo desde que hizo el pedido y ahora que esta servido no parece tranquilizarse. Si no es mucho preguntar ¿Cómo ha vivido Ud. esta espera?
– Pues… qué quiere que le diga, frustrante, tan… ¡uuf! Tan ansioso estaba por conocerla que a veces no…, mmm…, a veces no dormía bien. Por cierto tengo aquí en mi portátil los datos que quería ponerle en cada uno de los rasgos de personalidad. La ginoide se río de la inseguridad que mostraba Mateo y añadió – Sr. no le dé más vueltas…, seguro que se encontrará muy bien con ella, estese tranquilo. Para hacer tiempo siguieron hablando del trabajo y después de un largo silencio dijo Mateo – voy ahora por una tila. Y de nuevo intentaba relajar tantos nervios como tenía sorbiendo poco a poco la tila. Cuando se la terminó volvió a preguntarle a la recepcionista que cuánto quedaba para que terminase la instalación; ésta le contestó que 4 minutos y 24 segundos, a lo que el suspiró por fin. Faltaba poco y la impaciencia se respiraba a su alrededor; sin darse cuenta interrogó de nuevo – ¿Ya estará terminando?
– Síí, ya está casi, pero todavía queda un poco, terminamos ya, aún no me ha llamado ella todavía, es decir que está terminando la instalación o inicializando. De nuevo se produjo un silencio y se quedaron mirandose. Dijo Estrella 12 – le informo de que acabo de enviar la cartografía facial de Ud. a su ginoide para que pueda ser reconocido por ella y a continuación… – él le interrumpió levantándose y apremió – puedo ya…, ha terminado por fin el proceso.
– …el proceso de instalación efectivamente ha finalizado, en breve saldrá su ginoide –. Se lanzó precipitadamente hacia dentro; Estrella 12 fue detrás para decirle que no entrara pero él no hizo ni caso. Al llegar a la habitación donde estaba Cristina acostada, ahora se la encontró de pie junto a la puerta y al abrirla por poco si no le da en toda la cara con ella. La recienacida ginoide se pegó un susto de muerte. Mateo se abalanzó para aliviarla con un abrazo que suponía tranquilizador mientras pronunciaba el nombre de ella – Cristina, Cristina… ella dubitativa como balbuciente – ¿Mateo?
– Sí…, Sí Cristina, soy yo – le aseguró Mateo que emocionado le abrazaba fuertemente. – Ma… Mateo – le reconoció ella bajando la voz. él no podía parar de repetir el nombre de la chica-ginoide y abrazarla. Ella respondía, según programa, con un abrazo tierno y tranquilizador. Espontáneamente empezaron a acariciar el pelo del otro, como una primera aproximación, un primer reconocimiento. Sorprendidos por este gesto perdiendo la noción del tiempo dejaron de abrazarse. Mateo estaba llorando y ella que no salía de su asombro dijo – Mateo… no llores –. Fascinados el uno por el otro, petrificados en el deseo, ella reaccionó y le preguntó por primera vez – ¿estás más tranquilo?
– Sí – contestó él sin saber si era así o no.
– Mateo… ¿quieres un beso? – la nueva pregunta lanzada también con la mirada ofrecía la posibilidad de una mayor promesa afectiva. Él, como es lógico, se quedo boquiabierto. Ella sin esperar repuesta le beso en los labios. Fue el beso más tierno que pudieron darse y el primero para los dos.

Mateo llevó a Cristina a su casa. Por el camino el hombre estaba nervioso pero sabía conducir con tensiones. Ella no se fiaba mucho de su manera de conducir aunque era la primera vez que se montaba en un coche, de todas formas cualquiera se hubiera dado cuenta de que él no lo estaba haciendo muy bien del todo. Cristina le pregunto a Mateo por cómo era la casa a lo que él contestó – Muy bonita, ya la verás, no te digo más, es una sorpresa. Impaciente por llegar el camino se le hacía interminable y encima se encontraron metidos en un atasco. Ella al verlo más nervios le cogió la mano y tiernamente le susurró – Tranquiilo… – esto le puso más nervioso – sí, sí cariño –. Se quedaron otra vez sin saber cómo mirándose el uno al otro; ella se acercó a él, él a ella, la atracción se hacia insoportable. Pero se tuvieron que recomponer porque sonó por detrás el claxon de un coche. Él agarró el volante y aceleró. Se había roto la atmosfera de amor. Mateo tuvo que sobreponerse a esta repentina frustración y salió de allí resignadamente. Después de aparcar el coche Mateo le ayudo a salir abriéndole la puerta y cogiéndola de la mano caballerosamente; ella le siguió el juego asintiendo con la cabeza mientras le daba las gracias; él le sonrió y dio un suspiro. Se dirigieron a la casa, un 9º piso, y por supuesto subieron en ascensor. Ella estaba inquieta, él le cogió la mano y se besaron por segunda vez aunque realmente fue la primera puesto que en esta ocasión ocurrió a solas y espontáneamente. Al separar las bocas Mateo no pudo reprimir impetuoso abrazo de satisfacción por el logro alcanzado. Antes de llegar a la puerta le dijo Mateo a Cristina – cierra los ojos, que yo te llevo.
– ¡Ay, como si fuera una sorpresa! – ella cerró los ojos y él empujó la puerta.
– ¿Los abro ya? – preguntó inquieta Cristina.
– No, cógete a mi mano cariño que yo te llevo – indico Mateo agarrándole la mano. Ella miedosa por estar con los ojos cerrados apretó fuertemente con ambas manos la de Mateo; pasaron por el pequeño halls y llegaron al enorme salón comedor y él dijo – abre los ojos cariño – Cristina abrió los ojos y sonriente exclamó – ¡ala…, qué bonito, es precioso Mateo! –. Era una casa realmente moderna y funcional, luminosa y alegre con sobria decoración. Pasó a enseñarle los cuatro dormitorios, el cuarto de baño (con el que ella quedo muy sorprendida por lo amplio y bonito del alicatado; continuó con la cocina y el despacho. Allí tenía el compacto de última generación y con orgullo le enseñó las funciones portentosas que tenía sin prestar atención al grafeno que metió él en un cajón de la mesa. La ginoide se conectó vía Bloetooth con la computadora y, Cristina detectó la necesidad de cargar la batería y se conectó a la toma de corriente para llenarla. Mateo le informó de que no tenía que realizar copias de los archivos pues ya poseía unas de seguridad de todos los documentos de trabajo. Se pusieron a leer en el ordenador la agenda de trabajo así como el más intimo diario personal. Él, interrumpiendo la lectura, sugirió que prefería contarle él mismo lo que allí había escrito. Así que ella conforme le preguntó empezando por el principio
– Mateo ¿cómo eras de pequeño? – Muy tímido, aunque no con todo el mundo.
– Supongo que con tu familia no.
– No, con ellos no; bueno supongo...
– ¿Por?
– Es que tuve muchos conflictos con ellos.
– ¿Qué pasó? ¿Me lo puedes contar? – con delicadeza preguntó Cristina tocándole la nuca.
– Ellos…; bueno, es que yo nunca me sentí unido a ellos, no sé si lo entiendes yo tampoco se la razón de esta falta de lazos. Bien como te iba diciendo ellos…, mejor dicho yo, yo no me sentía comprendido; siempre tuve la impresión de que era el empollón o peor aún el estúpido, el…
– ¡¡Tú no eres ninguna de esas cosas!! Además no es malo ser trabajador de ahí tu éxito. ¡Ya querrían ellos tener tu cabeza y tu capacidad de trabajo! – exclamo Cristina.
– Ya, eso mismo me decía mi madre.
– ¿La querías mucho? – se interesó Cristina acariciándole el pelo a Mateo.
– Si – susurró Mateo cabizbajo.
– Bueno no sé si me he metido en un terreno un tanto zarrapastroso. Si no me quieres decir más me callas y punto.
– No…, no es eso, ella…, ella era poco afectiva, aunque eso no le impedía cuidarnos desde el punto de vista biológico como el que cría una planta – compartió este secreto mirando a los ojos de Cristina en un momento de entrega espiritual; se sobrepuso: aparto la mirada y apretó los labios.
– Mateo, lo siento, si no quieres hablar… – balbució la ginoide abrazándole fuertemente.
– Cristina…, Cristina, gracias – sinceramente agradecido por no profundizar en ésta herida se separó de ella suavemente un tanto emocionado.
– Tranquilo, Mateo, tranquilo, lo entiendo – y le acarició la mejilla; él cogió la mano que le acariciaba y se la beso por la palma.
– Te quiero, te quiero Cristina – exhaló Mateo con un inmenso gesto de ternura.
– Te quiero Mateo – musitó Cristina y se fundieron en un beso profundo. Separaron sus labios y Mateo cambió de tercio – por qué no dejamos el compacto para otro día y vamos al salón, me gustaría descorchar una botella de champán en tu honor.
– Vale, pero no bebas mucho.
– Mmm... verdad – dijo Mateo levantando el dedo.
– A mí no me gustan los bebedores ¡ehn! – deduciendo que ese gesto significaba que en su vida había cogido más de una borrachera.
– ¡Es poquitoo…! – Mateo se puso zalamero.
– Vale – ella se fue al salón y él detrás con la botella y una copa. Se sirvió el champán mientras le preguntaba qué le parecía la casa, ella muy educada le contestó que la encontraba preciosa, divina, que le encantaba. Luego hablaron del cargo que él ocupaba en la empresa; le contó cómo había llegado a esta multinacional y de su preparación en la universidad y los másters que tuvo que realizar; de los amigos que tuvo que fueron pocos y a los que no ve desde hace tiempo. Él le hablo de algunos aunque intento evitar hablar de Daniel, del que se avergonzaba en parte, pero cuando le preguntó si seguía viendo a alguno de ellos tuvo que nombrarlo – sí, me veo en el trabajo con uno del que no te he hablado, Daniel. Esta tarde he tenido una pelea con él, ha sido una riña entre amigos, nada importante.
– Uf, que ritmo llevo, espero que mi próximo comentario no sea una metedura de pata también.
– No te preocupes Cris…
– ¿Como os conocisteis? – siguió con el interrogatorio.
– En el colegio.
– Sí, pero cómo.
– No lo recuerdo, supongo que mientras pasaba lista el profesor.
– ¿pasar lista?
– Me parece que no sabes cómo es un colegio – y pasó a contarle cómo eran las colegios, centrándose en el que Mateo y Daniel habían estado de pequeño y que consistía “pasar lista”; a continuación Mateo le preguntó directamente cómo se sentía, si se encontraba cómoda, si necesitaba algo… Intercambiaron impresiones sobre cómo sus estados de ánimo; él se sirvió la segunda copa ante la cara de rareza de Cristina, al cabo de un rato ésta le preguntó que a qué hora solía comer y mirando al reloj dijo – se me ha ido el santo al cielo, va…, no, vamos a ver tu cuarto.
– Mi…, mi cuarto. Ma… Mateo yo puedo pasar la noche sentada en cualquier parte.
– No, tú en esta casa tienes un dormitorio y una cama.
– pero…
– Ta, ta, ta, ta – negó Mateo a lo Pat Morita (señor Miyagi de la película karate kid). Y prosiguió – ven por aquí.
– Pero Mateo si yo puedo pasar la noche incluso de pie.
– ¡No, mi niña! ¡Tú en una cama! – sentenció Mateo y pasó a enseñarle su cuarto. Ella antes de entrar le dijo abrazándose a él y empezando a hacer como si sollozara – gracias Mateo, muchas gracias –. Él casi espantado por lo que parecía una maquina llorando intentó verle la cara y obviamente no tenia ni una lagrima pero por dentro estaba radiante de alegría. Se besaron de nuevo ante la puerta del dormitorio de ella; la ginoide estaba desconcertada. Él la miró a los ojos y dijo – te he comprado ropa y zapatos – cogiéndola de la mano y llevándola al interior del dormitorio.
– ¿Ropa? ¿zapatos? estás loco Mateo, si yo…
– No quiero que vayas siempre con lo mismo – afirmó él y la llevó al ropero donde le enseñó sus otras tres mudas conjuntos de última moda de Carolina Herrera.
– No es mucho, si quieres el próxima fin de semana vamos por algo más, algo que te guste.
– Pero…, pero esto es preciso, que falda, que camisa, ¡¡¡Mateooo…!!! – dijo abrazándole fuerte y haciendo como si estuviera sollozando sobre su hombro. Mateo estaba sorprendido por la manera de emocionarse de ella, por lo real de sus expresiones y sentimientos, de lo tierna que parecía y lo romántica que aparecía. Estuvieron un rato así. Cuando dejó de sollozar Mateo le dijo que si estaba mejor. Ella asintió haciendo como si se secara las lágrimas.
– Pues te he comprado también lencería – dijo Mateo.
– ¡Mateo! ¿do… dónde está?.
– En el cajón de arriba – contestó señalando a los tres cajones que había en la parte inferior del mueble. Cristina fue a abrirlo y le dijo arqueando una ceja – ¿tu ya la has visto, no? – Y abrió el cajón, había dos juegos de lencería fina, unas braguitas con corazones y un bodi también de alta lencería; ella admirando las delicadezas exclamó:
– ¡es bellísimo! – Levantó el bodi por las tirantas para verlo mejor
– ¡Mateo, Mateo! ¿para qué me has comprado lencería fina? – torció Cristina con un grave cambio de voz.
– No sé, creí que te gustaría – dijo Mateo retirándose de su lado.
– Mateo, ¿tú para qué me compras lencería fina si no me la vas a ver puesta?
– Mateo reaccionó sonriendo.
– ¡Cerdo, marrano, más que cerdo, como me vas a comprar lencería fina, ¿eh? ¡Dime!, más que cerdo eres… – le gritaba y pegaba Cristina cogiendo de mala manera el bodi; se paró de repente agotada por la excitación y se dispuso a doblar con cuidado la prenda. Él le fue a acariciar la espalda diciéndole – lo si…, ¡lo siento Cristina!, ¡Pensé que…! – la ginoide no le dejó terminar su explicación puesto que seguía ofuscada por lo que se defendió propinándole un codazo en el brazo de él mientras dobla el bodi como si nada ocurriera mecánicamente se podría decir. Mateo quedó pulverizado, sufrió una parálisis momentánea y sin saber cómo se volvió hacia la puerta de la habitación justificando su proceder – pensé que te gustaría.
– Ay, Mateo… que tengamos ya, que acabamos de conocernos, que enfrentarnos, da qué pensar sobre ti.
– Pues… lo siento.
– Pues… ¿qué es lo que sientes Mateooo…? – interrogaba sinceramente Cristina guardando con delicadeza el bodi de la discordia.
– Lo siento Cristina, de verdad que lo siento.
– Pero…, ¿en qué estabas pensando?, ¿en qué?
– No, en eso, no.
– ¡No, si me vas a decir que tu solo miras…!
– ¡Perdóname!
– Vamos a la cocina, que te voy a preparar la cena –. Propuso sin darle su perdón.
– Yo ayudo.
– Sí, pero nada de pellizquitos por detrás – se fueron a la cocina y se pusieron en la tarea aunque era él el que tomó la sartén por el mango, puesto que ella aunque voluntariosa no poseía en su flash información sobre ello. Pero a Mateo esto le traía sin cuidado y le enseñaba lo que podía que era bien poco porque a éste se le daba regular la cocina, y no hacía platos de gran dificultad pero eso si las comidas que hacía le salía más bien. Mientras cocinaban él le comunicó a Cristina – mañana tengo que ir a la oficina, estaré casi todo el día allí, así que estarás casi todo el día sola.
– ¿Qué puedo hacerte? Poseo también un sistema de tareas domésticas, aplicaciones para el hogar ideal programadas según un modelo matemático desarrollado a partir de una selección de las más eficaces y eficientes amas de casa – ofreció ella con orgullo.
– De momento despiértame mañana a las seis y media de la mañana, es…
– Sí. Es suficiente. Alguna tarea más no… – repitió ella intuyendo lo que iba a decirle Mateo.
– No, de momento no – concluyó el mismo. Al terminar de hacerse la comida lógicamente solo se sirvió Mateo. Se dirigieron al salón comedor. Él comía ante la atenta mirada de la ginoide porque a ella le producía una gran curiosidad el cómo se podía hacer eso puesto que ella no necesitaba de ésta función fisiológica. Mateo se puso a sonreír mientras comía, tal vez porque satisfacía el hambre, tal vez porque se alegraba de disfrutar de éste placer del que ella carecía. O tal vez por la indiscreta mirada de Cristina. Ésta ingenuamente le preguntó– ¿de qué te ríes?
– De cómo me miras.
– ¿y? – dijo Cristina extrañada.
– Me hace gracia que me mires tan fijamente mientras como.
– ¡Ah! – soltó ella sin comprender muy bien.
– Cristina ¿Sabrás levantarte antes de las seis y medio para despertarme a tiempo?
– Sí, no te preocupes – respondió ella sin entender cómo dudó de su competencia para realizar este encargo. Después de comer recogieron entre los dos la mesa, y ella dijo – voy a fregar esto.
– No, mañana, cuando me vaya.
– Ah, vale, como tú dispongas. – Se acostaron cada uno en su cuarto y Cristina se quito las botas, y se metió, tal como deseaba Mateo, dentro de la cama con la malla metalizada puesta. Una vez tapada empezó a pensar en lo galán y cariñoso que Mateo había sido con ella y la mala puntería que había tenido al regalarle lencería fina; en que, en verdad, a ella le había gustado las prendas pero que aunque fuera una decisión desafortunada era muy bonito lo que había hecho por ella. Además decía mucho de él que después de regalarle esas prendas no hubiese intentado nada más; sus intenciones eran buenas, y sobre todo notaba que quería a ese hombre, que algo le unía a él con una intensidad incontrolable. Al día siguiente Cristina le despertó a la hora fijada llamando a la puerta un par de veces. Él, tras remolonear, finalmente contestó. Pronto salió y se acicaló en el cuarto de baño. Se vistió rápido como era costumbre y ella se despidió deseándole un buen día. Cuando volvió por la tarde del trabajo todo estaba en un perfecto estado de revista. Él la vió esplendida sentada en el sofá y sin esperar a que se acercara se levantó para darle la bienvenida – bien venido al hogar – y él se puso a cantar una vieja canción de su infancia:

                                                 En el parque
                                                 la armonía del momento se hace luz
                                                 nos regala una sonrisa el firmamento
                                                 y la puesta de sol se hace amor.

                                                En el parque
                                                cuando salgan las estrellas te amaré
                                                y la alfombra de la hierba
                                                nos dirá bienvenidos al hogar"

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